LOS PASOS CELESTES de Luis Cabrera Vigo
LOS PASOS
CELESTES de Luis Cabrera Vigo
Concebido en cuatro apartes; pero
de un solo aroma, Luis Cabrera Vigo en Los Pasos Celestes, asume
profunda inspiración y erudición para poetizar sobre entes del cielo, la madre,
el mar, así como la infaltable ternura del amor presente o ausente.
La adecuada utilización de
figuras literarias, dan brillo, e impacto visual al texto, avivando el interés
del lector.
El título del libro alude a la inteligencia,
paz espiritual, y calma del al alma gozosa, así refiere el celeste, derivado
del azul puro; su verdad es la aplicación dialéctica. Lo bueno, malo, sufrimiento,
esperanza, recuerdo amado e ideal del AMOR, retrato palpable de la existencia.
En el primer capítulo, Cielo
& Gaviotas la magia del autor revive y evoca los cantos claros de Alejandra
Pizarnik, (1936-1972), quien murió de poesía y tributó al amor como dos que se
miran; y de Alfonsina Storni (1892-1938), extraño y bello amor, la sabia fresca
loca y bullidora; sacrificándose en la sal eterna.
El sujeto creativo acude al
océano para encontrar la felicidad, el afecto eterno y la libertad, a través de
la mujer amada: “encontré en el mar / lo que pedí de ti / lo que pedí de tu voz
/ de tu aroma / mujer de albatros / (p.21).
La dama se convierte en gran ave
con plumaje blanco y de mucha resistencia en el aire, Compañera atractiva,
vistosa, y luchadora; lo que deseaba el bardo, el aeda.
Profesa su cariño a cada
instante, en cada pálpito, a la amada presente o alejada en “fuera del
espejo / se besan nuestras sombras /” (pág. 23). Se acerca al entendimiento
filosófico y sicológico (la ley de los espejos), y se extiende el querer. El objeto
refleja la realidad; pero, se alarga hasta la oscuridad amorosa.
En Numen de mañana, prosigue la
confesión íntima, la sinceridad en tono alto hasta considerarla una deidad,
dice: “te canto / con mi voz / con mi color / carne del viento / labios de
nube / ombligo sin otoño /. Y eleva en forma eterna en el cielo del amor:
“/ he aquí / que me levanto / cada mañana / brindo con el primer rayo / de
Helius/” (p.26)
El embeleso dorado e inacabable,
las rosas rojas que rejuvenecen el alma, el mundo del apego que acariciamos con
el corazón, en grado mayor, lo fija el autor en los siguientes versos: / Bajo el cielo
azul / concebimos / un futuro de cabellos de colores / un jardín de hespérides
/ un héroe sin alas / un universo con la forma / que tu voz le iba asignando /
(p. 28).
Las ninfas llamativas, transparentes
protegen el sentimiento íntimo en el ir y venir, en una acción de eterno
retorno. Una mirada al horizonte, en la que sólo se retrata la pareja
amada: / y tú / en el mismo jardín / rejuveneces
de huesos y piel /recupera color tu plateada cabellera / nace en tus entrañas
un nuevo útero / Intento un saludo / y la mujer que vuelves a ser / me sonríe /
desde el espejo / (p. 29).
El tradicional gozo de la luna de
miel cambia a una más querida Luna de Piel, en la que crece la pasión carne con
carne, pese a las dificultades. Escribe: Las horas de tu piel / en mi piel / son
instantes que se estiran/ big bang en nuestros universos/ (p. 30). El discernimiento
artístico es a la medida, “y sigues siendo la nota musical / que invoco / para
este Poema/ (p. 31).
Se completa con la protección,
sabiduría, visión y nobleza de los hermanos menores. La alusión a la jirafa,
dócil y por cuya altura ve más amplia la naturaleza. “La Luna de tu piel / fue
un lienzo / donde pinté jirafas azules / cielos rojos/ (p. 30).
Conforme avanzamos, la devoción se profundiza en escritura corporal, y en ver, oler y gustar; de la aceptación física y de los sentidos, también de los elementos de la naturaleza: porque aprendimos / que nadie es culpable de vivir / lo que nos dieron a oler y respirar/. / Horas después /hemos puesto nuestras almas en paz/ y hemos dejado que se perdonen los agravios sin querer / hemos dejado el tiempo correr sobre el mismo río / (p 32).
No hay límites ni parámetros, la
veneración lo es todo, libre y sin imposibles: Entraré / lento / compacto
tangible / a tu alma / a tu espacio sin nombre / y no me detendré / hasta
escuchar / el estertor agónico clamando Vida/ (p.34).
Sin embargo, hay metamorfosis,
que lamenta el amado porque parecen alejados, distantes, separados: Sobre una
nube/ se levanta ahora tu nombre/ tu espacio / tu continente Solo un ave que
haya / conocido tu aliento / podrá llegar hasta arriba / es otro tu cuerpo / es
otra tu geografía / hasta tu alma ha sido rediseñada/ (p. 35).
Hay un giro, se torna a la autora
de nuestros días, para salir de las dificultades, para aprender en la ruta del
camino, y que convoca a la ternura de Oquendo de Amat (1905-1936): Enséñame/ tomaré
tu mano/ y desde tus ojos sé que el mundo no será tan duro/ y saldremos a jugar
/cómo en el País de los Duendes/ (p. 42).
Mamá también es protección, apoyo
y ayuda: Hay un cierto estrépito/ un fulgor / un latir a cien / de mater /helio
en expansión / de la idea al ahora / no ser y respirar / no ser y de pronto
gritar la vida / tu olor/ está ahí ya contigo / y la sabiduría / ya está en tus
ojos / pronto te darán un corazón / una piel que late / un aroma que atrapa /.
(p. 47).
Lo maternal nos acompaña a lo
largo de la vida, canta y juega con nosotros, maduramos y ella envejece; pero
nunca se aparta de nosotros, en la risa y el llanto, su palabra viaja en el
sendero existencialista:
/ hoy vi a mamá sonreír / el
cielo era azul en sus ojos / y las blancas nubes juegan en sus cabellos/…vi un
hada al mediodía / una rosa del polvo / una canción que cura / con cada letra/…Aprendí
hoy a no tener miedo /y dar un paso... dos, tres pasos/ (p. 54).
Vuelve al enamoramiento y viene a la memoria aquel verso del personaje de Juan Rulfo (1917-1986): anoche conversé con la luna y me dijo muchas cosas lindas de ti, no sé si esta noche volveré a ir. Y el amante ruega por ella, acude a la certeza y extrañeza del agua salada:
/A la mar le pregunto por ti / si
me dejaste un mensaje / al partir / si era triste tu mirada / o acaso tenías un
resabio / de las alegrías sabatinas /si llevabas equipaje / o sólo te
acompañaban tus manos / y la alhaja tobillera / y a la Luna de otros amantes / también
le ruego / por ti / que te ampare / por esos senderos / que te cante / cuando
la noche sea más difícil (p. 51).
Y esta es la era afrontada, gozamos
y padecemos, se fortalece y desea en el presente: Sea este tu tiempo/ en el que
te vi / te sueño / y te espero / musa muda / de blancas colinas / y turgencias
lunares/ (p. 58).
Si los demás indagan por él, se
oculta en el anonimato, no le gusta que lo identifican como pareja, ni del
retrato, tampoco de los periódicos, ni de las sonrisas: soy quien te tomó las
manos y besó tus asombros/ esconderé mi sombra al mediodía/ guardaré mi corazón
bajo la almohada/ solo tus orillas/ conocen el destino de mis olas/ (p.59).
La dama se personifica como urbe,
y la rememora hasta el tormento: la ciudad es esta herida en la banca/ es el
latido en mi corazón/ Pequeña ciudad para mi cielo /es el aliento de cada
mañana/ su canción es la que me hace caminar/ y me guardo en ella/ soy en ella/
mi ciudad lunar (p.65).
Y sigue ideando su afecto, que
traspasa la tierra para ubicarse en lo más alto y sublime: Por el camino/ que
lleva a la Luna te encontré/ tu canto sabatino/ tus abrazos/ tu perfume de
libertad/ lo espontáneo de tu mirada (p.66).
Culmina este acápite con
indagaciones frente a una pintura, pero cuya influencia se percibe cierta, hasta
prendarse como una divinidad: ¿Quién sabe de tus batallas/ entre el alba y el mediodía?
/ ahora detenida en el óleo/ y el lienzo/ ¿quién diría que azotaste/ a las
quimeras y las trocaste en realidades? / con el brazo/ de princesa sobre la
mano/ con la mirada de Diosa/ (p.78).
La segunda parte, Para No
Desaparecer en el aleteo de una gaviota, exhibe una probabilidad entre
el amor y el mundo, posibilidad e imposibilidad de la existencia. El afecto de
ligar a dos personas se amplía a los demás e involucra al universo, de modo
original:
Y si/ de tu voz dependiera / el
mundo/ ¿quién/ nos sostendrá cuando te hagas silencio? / Si de tu piel / pendiera
el Hombre/ ¿quién / salvaría las tribus? ¿quién / tomará la posta del fuego/ en
las cavernas? / ¿quién/ latería /por mí/a estas horas? / (p.83).
Aparecen los buenos momentos
vividos, disfrutados; el corazón te hace regresar: En esa isla/ que aún/ tiene
atrapada nuestras almas/ dibujo mis pasos cada tarde/ mientras en nuestra
Ciudad/ el Sol juega de travieso pintor/ (p.85).
Existe un destino no registrado,
a gozar en el Edén del futuro, más de lo que aprecia a su dulcinea, comparando
su belleza con el mar y sus elementos: hay mundos que aún se construirán/ hay
hombres y mujeres/ en el boceto de un nuevo dios/ Hemos guardado/ nuestras
almas para el tiempo que aún no es/ (p. 87).
Regresa a la edad más bonita, a
la inocencia dulce, a la fascinante edad blanca, y respira el cariño más
sincero:
Cuando volvamos/ a ser niños/ dibujaré/
aves/ multicolores/ en tu cielo/ gigantescas/ flores/ amarillas/ prados/ fosforescentes/
pintaré/ todo tu firmamento/ de azul claro/ y pondré/ el Sol y la luna/ en el
mismo minuto/ y las estrellas/ jugarán en tus cabellos/ (p.89).
Todavía no descubre del todo a la
mujer admirada, la ve en la claridad, en la plenitud del cariño; luego se
obnubila y un haz de tela neutraliza los sentidos; pero el sólo hecho de ver su
existencia, es un signo reverencial:
En estas tardes/ vuelvo a sentir/ el golpear de las olas/ como la mañana antes de conocerte/ ahí está el graznido/ de la gaviota de otoño/ ahí está el mismo rayo de Sol/ jugando con las nubes/ a la misma hora/ vuelves a ponerte el velo en el rostro/ vuelvo a no saber tu nombre/ olvido las delicias del primer jardín/ olvido la primera copa de vino/ mis manos borran/ todos los sabores de tu piel/ (p.96).
Limpio de corazón, puro, terso y
sin antifaz es la consideración, el afecto hacia la dama ideal. Cristalino como
el agua de las antiguas montañas:
y esta lluvia que cae aquí/ dentro/ me
encuentra sin paraguas/ mejor es desnudarse/ dejar la camisa y las máscaras/ para
que el agua que siempre será buena/ nos lave las malas sombras/ (p. 116).
La tercera y cuarta parte, Del
viento y el barro, y Pétalos & destino, refuerzan la
concepción de la adoración, construidas con cuerpos del cielo, las
disquisiciones del ser humano, el mar y su hábitat, en una acumulación de
sentimiento permanente.
En Del viento y el barro, concluimos en que:
toda la que eres/ amanecerá
renovada/ porque vendrá una lluvia a tu cuerpo/ y bajará por tus avenidas de la
melancolía/ y se llevará el veneno y las desolaciones/ y te expondrá/ toda azul
de tiempo y de miradas toda/ (p.161).
Pétalos & destino, finaliza
con la autodeterminación amatoria y anhelo en la vía del querer:
“Volverás la que fuiste/ seré el que Soy/ Recupera
tu sombra avecilla/ atrapa tu calor/ rescata tus alas/ para este cantor/ que
aún te sueña/ con todas tus letras sabatinas/ (p.175).
Con el poemario, Los Pasos
Celestes (Soloasis Ediciones, Trujillo 2025, 175 pp.) Luis Cabrera Vigo ha
demostrado madurez en la carrera literaria ascendente.
Su manera personal de escribir persistente,
aguda y con visión holística, ha enriquecido las letras liberteñas, y lo ubican
como un destacado aeda, continuando la huella de Alejandro Benavides Roldán,
con su Ida y Retorno al Mar (Ed. Papel de Viento, Trujillo 2005, Trujillo 105
pp).
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